EL SÁBADO

//EL SÁBADO

Muchos adventistas del séptimo día están esperando la gran prueba, un día de la semana en que Dios debe ser adorado. Lamentablemente, muchos de los que están esperando ese momento, desconocidos para ellos, se están preparando para recibir la marca de la bestia. La prueba del sábado no se refiere simplemente a qué día de la semana vamos a la iglesia, sino a algo completamente diferente. Se trata de quién está viviendo nuestra vida: nosotros o Dios.

En Ezequiel 20:12 el Señor dice: “Y les di mis días de sábado, para que fuesen señal entre mí y ellos, para que supiesen que Yo soy Jehová que los santifico”. La palabra santificar se lee a menudo en el sentido de que somos purificados y limpiados del pecado, que el sábado es una señal de que Dios nos está santificando. Pero si bien es cierto que Dios quiere limpiarnos del pecado, también es una verdad que, a través del sacrificio de su Hijo, Él YA nos ha limpiado del pecado. Lo que realmente significa la palabra santificar es “apartarse para un uso sagrado”. Dios quiere que seamos instrumento de su justicia, así como su Hijo, Jesucristo lo fue.

Cuando Cristo vino a esta tierra, expuso el hecho de que no vivió su propia vida. En Juan 5:30, dice: “No puedo hacer nada por mí mismo”. Y nuevamente en Juan 8:38, “No hago nada por mí mismo”. Cuando Felipe le pidió muéstranos al Padre, Cristo respondió, “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? el que me ha visto, ha visto al Padre; ¿Y cómo dices tú, “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:9-10).

Fue la vida y el carácter del Padre en el cielo lo que se muestra en la vida de Cristo. Su amor hizo que nos diera a su Hijo para que asumiera nuestra propia condición desesperada y para que fuera un ejemplo para nosotros de cómo la santidad misma de Dios puede hacerse evidente en nuestras propias vidas. En Filipenses 2:13, dice que es Dios quien trabaja en nosotros “tanto para querer como para hacer Su buena voluntad”. Jesús dijo que siempre hace las cosas que agradan a Su Padre (Juan 8:29) ¿Cómo? Porque Él dejó que Dios obrara en Él su buena voluntad. Al igual que en la vida de su Hijo, Dios quiere vivir su vida en nosotros.

“Todas nuestras justicias son trapos de inmundicia”, dice en Isaías 64:6. Esto se está refiriendo a todas nuestras obras correctas: son inútiles e infructuosas. No podemos hacer ningún bien por nosotros mismos, porque la Escritura declara que “no hay quien haga lo bueno, no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Solo Dios es bueno, como Jesús le dijo al joven rico (Mateo 19:17), y solo si DEJAMOS que Dios haga las obras en nuestras vidas, siempre habrá BUENAS OBRAS en nosotros. Algunos pueden argumentar que cuando son personas convertidas pueden hacer el bien, o que, si su corazón está motivado por el amor, pueden hacer el bien. Y otros piensan que, si Dios les da la fuerza para hacerlo, entonces sus obras serán aceptables. Pero todo esto es incorrecto, porque lo único que exige la ley es la perfecta obediencia de Dios mismo en nuestras propias vidas. Esto es lo que Cristo vino a demostrar, porque Él fue un hombre convertido y su corazón estuvo motivado por el amor a su Padre, sin embrago, no hizo su propia voluntad y en su lugar se sometió a la obediencia y voluntad misma de su Padre, para que obrara a través de Él, incluso hasta la muerte de cruz para nuestra salvación.

Ezequiel está citando de cómo el sábado es una señal que debemos permitir a Dios que sea Él realizando la buena obra en nuestra vida. “Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de sábado; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el día de sábado, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo” (Éxodo 31:12-14).

Si nuestras propias buenas obras son como trapos inmundos, entonces profanaremos el sábado haciendo nuestras propias obras ese día. Debemos tener obras correctas por fe ya que “todo lo que no es de fe es pecado” (Romanos 14:23). La fe de Jesús trajo a su vida las obras perfectas de su Padre. Debemos tener esa misma fe.

El sábado es una señal de que hemos dejado nuestra vieja vida y ahora estamos permitiendo que Dios viva su propia vida a través de nosotros. Es una señal de que hemos sido santificados o apartados para un uso sagrado. Si Dios realiza todas las obras en nuestras vidas, todas nuestras obras serán santas y sin pecado.

En Isaías 58:13, nos aclara cual es realmente el significado del sábado, “Si retrajeres del día de sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu propia voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha prometido”.

Note lo que realmente guardar el sábado se trata. “No andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras”. En pocas palabras, no viviendo tu propia vida. El apóstol Pablo expresa esta experiencia de otra manera en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado; más vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. El sábado es una señal de que, a través de la fe de Jesús, Dios ahora está empleando mi vida para obras santas.

En la última parte del capítulo tres de Hebreos y luego en el capítulo cuatro del mismo libro, el apóstol Pablo habla sobre el verdadero reposo que se le ofreció a Israel. Presenta el descanso y la paz que se encuentra a través de la experiencia de hacer el bien por la fe de Jesús (la justicia por la fe) en el contexto del sábado. A los israelitas se les predicó el Evangelio de la justicia de Cristo, pero no recibieron la experiencia de ello porque no lo creyeron. ¿Qué no creyeron? Que, a través de su Hijo, Dios les estaba ofreciendo una vida completamente nueva llena de sus propias obras. En su ceguera, pensaron que sus propias obras eran aceptables y cuando Dios prometió que Él los haría una nación santa, ellos mismos se encargaron de llevar esto a cabo. O como puede ser parafraseado Romanos 10:3: “Porque ellos ignorando las buenas – obras de Dios, y procurando establecer sus propias buenas – obras, no se han sujetado a las buenas – obras de Dios”.

Observa un verso final que dice, Hebreos 4:10: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas”. Si los israelitas hubieran aceptado la promesa de Dios, de vivir una vida santa a través de ellos, habrían disfrutado del sábado que se describe en Isaías 58:13. Es natural que aquellos que han recibido la nueva vida en Cristo descansen de sus propias obras en el día de reposo, ya que Dios descansa de las suyas, y es Él viviendo Su vida en ellos.

En seis días, Dios creó los cielos y la tierra y en el séptimo día descansó. En el séptimo día, Dios dejó de trabajar de la misma manera que lo hizo en los seis días anteriores. Pero, ¿dejó de trabajar por completo en el séptimo día? No. La vida debe ser sostenida. Él continúa vivificando y manteniendo a cada ser viviente. El sol sigue brillando y los arroyos continúan fluyendo; el trigo y el maíz, las flores y los árboles continúan creciendo. Dios no deja de proporcionar las cosas necesarias para sostener la vida y hacerla deseable. Y por eso es “lícito hacer bien en sábado” (Marcos 3:4). Como en la propia vida de Cristo, los enfermos deben ser atendidos y su sufrimiento aliviado en la medida de lo posible. Pero especialmente el sábado es un día de comunión con Dios y podemos glorificar su Nombre en compartir con otros lo que su maravilloso amor ha hecho por nosotros.

Todos aquellos que reciben el sello del Dios vivo en sus frentes testifican el hecho de que ya no viven sus propias vidas; es Dios que vive Su vida en ellos. Aquellos que asisten a la iglesia en el séptimo día, pero no han entregado completamente sus vidas a Dios, recibirán la marca de la bestia porque la prueba no es sobre el día, sino sobre la vida; el día es solo una señal que hemos entregado nuestros corazones plenamente a Jesús. No hay tal cosa como un “cristiano de un día a la semana”. Un día en el que no hablo mis propias palabras ni hago mis propias obras no puede ser una buena experiencia para mí. Necesito tener el hábito de “dejar ir mi vieja vida y permitir a Dios obrar en mí”, y que esto sea real en mi vida diaria.

Desafortunadamente, parece que muy pocos son conscientes de que este es el verdadero asunto del sábado. Están viviendo sus propias vidas y haciendo sus propias obras, y guardando el sábado con sus propias fuerzas. Están esperando una prueba que nunca llegará ya que la prueba es diaria. Y cuando llegue la prueba definitiva, será tan sutil que solo aquellos que están siendo guiados por el Señor hoy lo reconocerán por lo que es. Ya que la escritura nos dice, si fuera posible, incluso los mismos elegidos serán engañados (Mateo 24:24).

Amigos, acepten hoy la nueva vida en Cristo. Aprenda hoy que todas sus mejores buenas obras son inútiles y que debe ser Dios haciendo todas las obras en su vida. Por favor, antes de que sea demasiado tarde, y reciba el sello de Satanás.

2018-11-20T11:51:04+00:00